Votar para ganar la sonrisa

Las ciencias sociales en general y particularmente la sociología y la politología encuentran aun grandes dificultades para explicar con precisión el comportamiento político. A día de hoy para muchas de estas ciencias la explicación de lo que ha pasado, aun controvertida, es más realista que la proyección de un futuro por mucho que este sea cercano y acotado como el posible resultado de una cita electoral. A las dificultades naturales de estas disciplinas científicas, se suma el interés de quienes manejan el poder, de que quienes permanecen ajenos a esta dirección y a estos mecanismos sean capaces de tener herramientas que les ayuden a liberarse del yugo.  Las encuestas de intención de voto son sin duda una de las herramientas más conocidas de proyección y a la vista de lo que podemos leer hoy mismo en la prensa, las menos fiables. Organismos gubernamentales como el CIS y medios de comunicación en manos de grandes empresas/fortunas/fondos son los encargados de decirnos qué es lo que va a pasar el 26J. No me fío.  No hay un solo medio independiente, científico, académico, que entregue encuestas de intención de voto públicas, fiables y de esta manera, aunque la encuesta del CIS se presente como la más amplia y por lo tanto más ajustada a la realidad, contiene tal cantidad de elementos discutibles que tampoco augura una predicción muy precisa.

Las encuestas de opinión son armas electorales. Lo vienen siendo desde hace años y cada vez está más claro que cumplen la función de animar, ensalzar o amedrentar con posibles resultados. Algunos de los medios y empresas que las presentan han cosechado tan estrepitosos fracasos, que extraña ver como siguen avalando como si nada sus nuevas entregas. Cuando leo una encuesta, la primera pregunta que me hago es Cui bono, antes de usar sus datos como materia de análisis, la enmarco en el contexto de quien la presenta públicamente quien la realiza técnicamente y la financia y después intento buscar la ficha técnica, generalmente pequeña (si existe) y me gusta intentar conocer los datos de base, es decir los que muestran la realidad de las respuestas y no su interpretación proyectiva (mal llamada cocina) que si al menos estuviera explicada podría valer como método de análisis.

Para nuestra próxima cita electoral las encuestas hasta ahora presentadas (los partidos siempre tienen otras que dicen que sus resultados son mejores) hablan de que el PP sacará el mayor número relativo de votos y seguido a no demasiada distancia se encontrará Unidos-Podemos. Si los resultados fueran los pronosticados ahora mismo el PP tendrá garantizada la presidencia del gobierno por que el PSOE  no va a permitir de ninguna manera un gobierno de izquierdas. Un gobierno con UP por más que sus propuestas son tibias, socialdemócratas, tal y como ellos mismos las han definido, vislumbra un punto de ruptura con el stablishment que este no se va a permitir. La única forma de que se pudiera producir un cambio de paradigma político en España es que UP lograra más votos que el resto de los partidos y que esta situación obligara a los dirigentes del PSOE a mirar el abismo del PASOK antes de arrebatar el gobierno a la izquierda. Cualquier otro resultado retrasa los cambios que se van a producir unos años más; los retrasa pero no los evita porque el tsunami ya se puso en marcha el 15M, lo de ahora es simplemente la llegada de la ola a la playa.

Yo votaré a Podemos en las próximas elecciones, sin los problemas de Cayo. Claro que yo no he metido a ningún partido en un rincón.

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