Una foto distorsionada

Recibí la noticia de la abdicación del rey en mi whatsapp a los pocos minutos de que se hiciera pública; luego el torrente de informaciones, la manifestación en sol esa misma tarde…. No sabemos las razones, dado que las manifestadas son mentiras evidentes y que todo lo relativo al rey en este país se mueve tras un velo. Lo que poco a poco va quedando claro con el paso de los días, es que la oligarquía que controla España tiene tejida una tupida red de comunicación que hizo grotesco comprobar cómo ni uno solo de los periódicos diarios de carácter nacional, tuviese ni siquiera una firma, ya no digo contraria a la monarquía o a Juan Carlos mismo, no hubo ni siquiera una mínima crítica edulcorada. De las televisiones… de las televisiones ni hablamos. Ha habido que esperar al fin de semana para poder oír a alguien decir que el pack monarquía-juancarlos-transición es hoy ya mercancía defectuosa.

Run run si que ha habido. Autocensura en al revista El Jueves, expulsiones en El Mundo, equilibrios orquestales de la dirección del PSOE sobre las contradicciones y la vida y un diario como El País haciendo de escaparate de la trágala. Que hay una posición amplia (quién sabe hasta qué punto) contraria a la monarquía es un hecho, que el número de los que al menos quieren ser preguntados es mayoritario, parece una evidencia y que nada o casi nada de ello parece permear la opinión publicada es una lacerante constatación que nos habla del miedo de las élites poderosas de este país a lo que está pasando en la ciudadanía. La fractura crece.

Los zombies están en los grandes partidos políticos tal y como hemos visto en las últimas elecciones y ahora vamos viendo que han comido los cerebros de la inmensa mayoría de los periodistas del stablishment. La población se mueve por tanto bajo una inmensa lluvia de opinión proyectada, esa lluvia fina de la que hablaba Aznar, que apuesta por alienar la capacidad de la gente para analizar la realidad con sentido crítico. Nos falta ver si quienes nos oponemos a la monarquía (a esta y a la de Suecia, por cierto) somos capaces de movernos entre las grietas del sistema ayudando a entender por qué democracia y monarquía son conceptos antitéticos.

Quienes manejan los hilos del poder, sus representantes en la tierra, sus voceros oficiales y los palmeros de siempre, tienen una sola misión: que nos creamos la foto distorsionada, que aceptemos pulpo como animal de compañía.

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