Goriac

¿Entonces, no volverás hasta dentro de varios meses?

Quizá no vuelva. Ya sabes cómo son estas cosas.

Déjalo de una vez, hazlo por ti, o mejor aun, hazlo por mi. Estoy harta de no saber si lo que estoy viviendo es preludio de una ausencia, una despedida para siempre o simplemente un paréntesis.

No es tan sencillo y lo sabes; el oficio de matar no tiene salida de emergencia. Quizá cuando esta guerra escondida termine pueda pensar algo, inventarme una escapatoria que nos permita vivir, pero por ahora no. Sencillamente no.

La luz  de la mañana había empezado a colarse entre las rendijas del estor y  Brno se dibujaba en el horizonte. Goriac besó la espalda de Nadia intentando transmitir algo de paz, recogió las sábanas que se habían arrugado a los pies y cubrió suavemente a la mujer que pudo haber matado y que ahora calmaba su ira entre misión y misión. Luego el viaje, la ira, la muerte y un regusto innecesario en la boca.

La boca que buscaría a Nadia en otro hotel de otra ciudad de otro país.

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