La cosa va bien

Soy optimista. Por una vez veo un futuro mejor; es verdad que a través de un enorme batacazo y seguramente con un proceso que puede ser difícil y desgraciadamente en muchos lugares violento. El capitalismo y muchos de sus mentores no lo saben (otros sí) pero el sistema esta quebrado, no funciona y no hay manera de que vuelva a funcionar. La concatenación de explosiones que viene ocurriendo desde hace más de dos años, que ha terminado con la suma de catástrofes naturales en Japón más la evidencia de que la seguridad de la industria nuclear es poco más o menos cero, ha puesto patas arriba una crisis sistémica sin precedentes y con pronóstico de muerte. El sistema ahora es un zombi, y muchos de los dirigentes como nuestro Zapatero, son incapaces de hacer un análisis razonable de lo que está pasando. El capitalismo ha muerto por su insostenibilidad energética y ecológica pero sobre todo, fruto de la semilla del diablo que llevaba dentro, la acumulación de dinero y poder en muy pocas manos. En Europa todo pasa algo más lentamente, algo más suavemente, pero inevitablemente va a pasar y lo anuncian algunos economistas que nos hablan de que estamos en la antesala de una segunda caída económica.

NO hay salida por ese lado, así que habrá que buscarla por el otro, volver a repensar alguna de las consignas que nos han impuesto los medios de comunicación y reconstruir alternativas que piensen primero en los recursos naturales y después en las personas entendidas como receptoras de derechos individuales y sociales, aprender de los errores en la izquierda, sobre todo del dogmatismo y estar preparados porque si mi visión del futuro no es errónea es muy posible que estos cambios vengan acompañados de explosiones de violencia, como hemos visto recientemente. Indignarse como nos piden desde Francia, organizarse, informarse y actuar, actuar desde nuestro nivel, con nuestras herramientas y con la convicción de que la suerte está echada, reducir el consumo es una buena estrategia, acelerar la crisis haciendo lo contrario de lo que esperan los estrategas del capitalismo, alcanzar niveles de autonomía, intercambiar en vez de comprar, alargar la vida de las cosas… todo vale.

¿Cuanto tiempo durará la zanahoria de la recuperación inminente? ¿Cuánto aguantarán las empresas sin crédito y ahora sin componentes japoneses? ¿Cuanto dinero de los ciudadanos se puede seguir inyectando en unos bancos ruinosos? ¿Cuanto quid pro quo político y sindical va a saltar por los aires? ¿Hasta que nivel de paro se puede aguantar sin estallido social?

El cóctel tiene todos los ingredientes y lo estamos agitando, en breve podremos degustar el resultado.

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