A la mañana siguiente

Se vistió en silencio, a oscuras, como cuando tenía que irse pronto y no quería despertar a su mujer.  Cogió la pistola que la noche anterior había dejado a escondidas debajo de la camisa, justo cuando ella se insinuaba detrás de la  puerta del baño. En la habitación había un olor a lavanda y sudor, la miró dormida, de espaldas y estuvo tentado de besar su piel, pero sabía que era importante para ella, para su vida que no se despertara e hizo lo que siempre había despreciado en un hombre, irse después de una noche de sexo intensa sin ni siquiera despedirse, sin dar una explicación. Abrió la puerta de la habitación 403 del hotel Mediodía, se cruzó la gabardina sobre el pecho y calándose los cascos de su mp4 se dispuso a oír a Fito una vez más, otra vez y la casualidad o una alineación cósmica hizo que sonaran los versos más descriptivos que hubiera podido desear.

“Algo lo que me invade,
todo viene de dentro
Nunca lo que me sacie,
siempre quiero, lobo hambriento.
Todo me queda grande
para no estar contigo.
Sabes, quisiera darte
siempre un poco más de lo que te pido.
Sabes que soñaré,
si no estás que me despierto contigo.

Sabes que quiero más,
no se vivir solo con cinco sentidos.
Este mar cada vez guarda mas barcos hundidos”

Lo demás fue rutina y desperdicio. Román estaba dolido, por primera vez se resintió, acusó el golpe, sabía que nunca más haría el amor con Lola y eso hasta para un tipo como él era más de lo que se podía aguantar.

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