Un ejercicio sobre la ausencia

Me propongo un ejercicio sobre la ausencia, una obra que exprese ese sentimiento de haber perdido algo y pienso en una silla vacía. No vale, no demuestra que algo, que alguien no esté. Un millón de sillas ocupadas y una en el centro sin nadie. No vale,  es evidente la falta de alguien pero no su ausencia, porque tiene que ver con haber estado y no estar. La imagen pues debe demostrar las dos cosas.  Un nido como los que al final de la primavera aparecen en el seto de casa, un nido vacío con unas plumas nos habla de una antigua presencia pero descubro que entonces me falta la perspectiva del observador, la ausencia entonces tiene que ver con quien se va y también con quien se queda y por tanto genera el sentimiento. Me asalta la imagen de una persona con la mirada más allá de los límites de la vista. Es sugerente porque la ausencia y el recuerdo están emparejados, pero me resulta demasiado sutil.  Admito sugerencias. Dos jambas sin su dintel, una mesa en la cocina en la que queda una taza de café medio llena, una tostada empezada. Un cauce seco de un río, una cama con una persona y el otro lado simplemente con la huella de quien estuvo, unas huellas en la nieve, una balón deshinchado, alguien que se ahoga por falta de aire, una mujer llorando, un pabellón psiquiátrico para enfermos de Altzheimer.

Me asalta la duda sobre si la escultura tiene poder suficiente para explicar algunas cosas, pienso en el poder de la palabra.

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