Haití

Cuesta entender lo que pasa en Haití. NO me refiero a la muerte y la destrucción que un terremoto provocan en una población que vive en la más absoluta miseria, esto es más bien la crónica de una muerta anunciada. Lo que cuesta entender es la velocidad con la que todo se olvida y el oscuro velo con el que los medios de comunicación no nos explican porqué Haití es un país tan pobre. EE.UU. y Francia lo saben bien y si os interesan algunas de las razones es interesante que leáis el artículo Golpe de Estado en Haití de la publicación Volatire.org que puntualmente me recuerda mi amigo Jamie.
Un extracto:
«…El 29 de febrero, entre 2 y 3 horas de la madrugada, las Fuerzas Especiales de EE.UU. invaden el Palacio Presidencial y anuncian a Aristide que será enviado à Miami para ser juzgado por tráfico de drogas al menos que acepte de dimitir o que de contrario esperarán la llegada de Guy Philippe que ha recibido las ordenes y viene para matarlo. Aristide llega a comunicarse por teléfono con la conocida representante californiana Maxine Waters,diputada demócrata, para que ella pueda testimoniar e impedir así que se presente a la opinión pública como alguien que se ha «suicidado» al estilo Allende.
Bajo la amenaza de los fusiles M-16 y en presencia de James B. Foley, embajador de los EE.UU. y de Thierry Burkard, embajador de Francia, Aristide habría firmado una declaración de dimisión preparada con anticipación por los golpistas «a fin de evitar un baño de sangre». En realidad, se sabe actualmente que Aristide rechazó de firmar tal documento y redactó más bien una unas pocas líneas sobre un papel a manera de despedida. Es después entonces, cuando las Fuerzas Especiales lo conducen al interior de un avión blanco, sin matrícula, con destino a Bangui, capital de la República Centroafricana en donde lo esperan agentes franceses de la seguridad.

En el momento que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es convocado de urgencia para decidir el envío de una fuerza de interposición de cascos azules de la ONU, los EE.UU. y la Francia, sin esperar la reunión, envían tropas.

En Washington, Otto Reich y el Sub-secretario de Estado, Roger Noriega, han supervisado el derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide…»

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