Una vida que se desenvuelve

No debería ver la tierra calcinada, el yermo del océano, la oscuridad del espacio exterior.
Sin embargo la espera es eterna. Espera silenciosa, inerte, despoblada como un páramo, una espera que no construye, no planifica, no defiende lo conquistado, una espera estéril.
No puedo sustraerme a la tristeza ni a la felicidad descontrolada, por eso confío en que el viento infle mis velas, la corriente me arrastre o una enorme tormenta me llueva hasta ahogarme.
Esperar, desear que nada se haya roto, como una semilla se hunde en el invierno, con la esperanza de la primavera.

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