Viajes. compañías y memoria

¡Qué viaje a Barcelona! ¡Qué compañía! ¡Qué encuentros! Todavía no me recupero y no puedo escribir sobre ello, sobre todo no puedo escribir sin herir y no me apetece.  Era una frase socorrida de los padres cuyos hijos se descarriaban: Son las malas compañías. Lo mismo va a ser eso, bueno eso y que se nota mucho cuando el encuentro se centra en el yo, en lo que quiero ques sepas de mí y el tú no interesa y a la vuelta leo que mi antiguo compañero de IU de Hoyo de Manzanares y actual alcalde de la “pequeña localidad de la sierra madrileña”, manda todos los años a los escolares de su pueblo a un acuartelamiento militar. ¡Qué difícil la coherencia. ¿Les explicarán a la vuelta en el aula, que en ese bonito cuartel Franco fusiló  a José Luis Sánchez Bravo, Jose, Ramón García Sanz, de 27, y José Humberto Baena Alonso, de 24, el 27 de septiembre de 1975?

Como relata Interviú

“En Hoyo de Manzanares, consumaron los fusilamientos tres pelotones compuestos cada uno por diez guardias civiles o policías, un sargento y un teniente, todos voluntarios. A la 9.10, los policías fusilaron a Ramón García Sanz y, al cabo de 20 minutos, a José Luis Sánchez Bravo. Después, los guardias civiles dispararon contra Baena. A las 10.05 todo había concluido. No pudo asistir a los fusilamientos ningún familiar de los condenados, pese a ser “ejecución pública”, según la ley.

La Guardia Civil impidió la entrada al campo de tiro a periodistas, abogados y familiares. Un coronel del Ejército quiso dejarlos pasar, para que quedara acreditado que sólo disparaban policías y guardias civiles, y no soldados. Pero un teniente coronel de la Guardia Civil, de inferior rango, impuso su mando. El único civil que presenció las ejecuciones fue el párroco de Hoyo de Manzanares, don Alejandro. Durante estos años, siempre ha rechazado relatar lo que vio, pero, lejos de las cámaras fotográficas, ha accedido a recordar el horror: “Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó”

Ese día en barcelona el fusilado fué Juan Paredes Manot de 21 años y en Burgos, sin testigos ejecutaron a Ángel Otaegui de 33 años.

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Un pensamiento en “Viajes. compañías y memoria

  1. No creo que les cuenten esa historia desgraciadamente, imagino más bien la contextualización de la visita encaminada hacia la “labor humanitaria” del ejercito español por el mundo adelante. Pero, yo no descartaría visitas de los escolares a los cuarteles. Pienso que, para entender la sociedad en que vivimos, lo que somos culturalmente, es imprescindible conocer el “hecho militar”, lo mismo que el “hecho religioso”.

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