Rosa Aguilar

Hay cosas inevitables pero que conviene hacer con la mayor dignidad posible o de lo contrario el ridículo es muy, muy grande. Saltar entre las piedras de un río para cruzar puede ser algo elegante o terminar enseñando las bragas patas arriba y mojada.

Recuerdo a Rosa Aguilar de pareja del ínclito Anguita en el congreso muy callada cuando a algunos nos daban la patada, cuando ese venado de Julio comenzaba la enésima depuración en el partido. Ahora ella ha querido cruzar la orilla y el gesto le ha salido patoso. Le deseo lo mejor, para que a los andaluces les mejore la vida, aunque mi sentimiento hacia ella es que siempre fue cobarde o siempre pensó en sí misma y su salida «personal» le delata.

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