Malditos indeseables

Hay gente que piensa que su misión en la vida, su puesto en la historia consiste en decir «cosas incómodas», «verdades dolorosas». Uno piensa que hicieron sus carreras pensando en este momento antes las cámaras, los micrófonos, los flashes para decir aquello que nadie quiere oír y ellos saben. Eructado el exabrupto se marchan a casa con esa íntima satisfacción de la labor cumplida, del trabajo bien hecho; la sociedad puede descansar en paz cuando estos próceres nos abren los ojos y al día siguiente puede comenzar su jornada laboral iluminado por la gnosis de lo que no se sabía, lo que a penas se intuía pero no éramos capaces de verbalizar.

Miguel Ángel Fernández Ordoñez es de esos y yo soy de los que creo que nadie así debería tener acceso a un puesto como el suyo, su tendencia a decir lo que los poderosos quieren oír les ofusca, les confunde, alguien le debería decir a él que es un hijo de puta y quizá le aclare las ideas.

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