Ya sólo queda sajar

La corrupción no es patrimonio de nadie, pero anida en quien ostenta el poder de larga duración. Para que un político termine cobrando comisiones, haciendo favores, corrupto y enfangado deben pasar dos o más legislaturas. A partir de un cierto momento la virtud se adelgaza, flojea y son pocos los que se resisten y menos los que lo dejan antes de pasar al lado oscuro. Para quienes no vivís en Madrid puede que os resulte sorprendente lo que está pasando, pero esto no es sino el producto de legislaturas y legislaturas en las que los mimos tienen el poder, aunque no siempre lo sea en el mismo sitio. López Viejo es un viejo conocido de los círculos políticos madrileños. El recién dimitido ya perteneció a la legión de los Manzanistas que salieron de la Casa de la Villa dejándose pelos en la gatera judicial y que lejos de abandonar han ido ocupando puestos, cargos y encargos con una dedicación a la cosa pública sorprendente.

La corrupción es una tela de araña y se teje en los ayuntamientos de manera paciente, con la complicidad de los secretarios, los interventores, los funcionarios, los jueces y las cúpulas de los partidos, que de todo, se quedan con los resultados electorales. En un momento dado el grano estalla y la pus aflora viscosa; ya sólo queda sajar.

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