El destino

Alguien se ha empeñado en entregarme un teléfono móvil. La historia empezó el viernes pasado camino de León cuando recibí una llamada en mi móvil de alguien que conocía mi nombre y mis dos apellidos y que no me encontraba para entregarme el móvil.  Al principio estas llamadas son confusas, vas en la furgoneta y no oyes bien todos los detalles, e incluso dudas.

¿Usted no vive en Morón de la Frontera?

Pues no, vivo en Soto del Real.

Lo siento, perdone, debe ser un error… y la cosa queda ahí en un posible baile de números, una errata, un lapsus calami y proseguimos el camino.

Un par de horas después, pasada Rueda el teléfono suena de nuevo y en este caso una amable señorita, de acento nacional me indica que han intentado entregarme mi móvil, pero que no dan con mi casa. Le explico lo más amable que puedo que mi móvil lo tengo pegado a la oreja para poder hablar con ella y que si me siguen buscando en Morón de la Frontera lo tienen difícil. Ella insiste y yo le insisto en que hay un error, o dos, o tres y que no he comprado ningún móvil ni vivo en el sur y que me está mosqueando oir mi nombre en labios desconocidos con tanta ligereza. La comunicación se corta producto de la pésima calidad de las comunicaciones de este tipo y yo, ufano de mí, doy por zanjada la polémica.

Seguimos el viaje, pasa el sábado, pasa el domingo y hoy lunes a la tarde, una nueva llamada me pide que por favor les aclare mis señas que si no, no me pueden entregar mi móvil. Reacciono bien y no me opongo, recuerdo aquellas enseñanzas de cuando practicaba judo y sin dejar que mi interlocutor se dé cuenta le digo que el error es que yo vivo en la calle tal de tal en el pueblo tal y con código postal…. ¿Y podemos entregarle el móvil por la mañana? ¡Desde luego, cuando ustedes quieran, ya me se me está haciendo larga la espera con el maldito aparatito! Mi compañero se descojona y yo le pongo cara de acomodaticio y que aunque parezca que es así peor, yo creo firmemente en que no es bueno llevar la contraria a estas personas de los servicios telefónicos que luego te lian unas muy gordas.

En mi fuero interno empiezo a desear que me llegue “mi móvil” y comprobar otra vez que hay pliegues en el espacio tiempo que nos deparan sorpresas inesperadas.

Pasa la tarde y me llega un sms: “SEUR le informa que su expedición 5846160 de 19/06/08 está en situación DESTINATARIO DESCONOCIDO. Para más información llame al teléfono 902101010 o entre en la web www.seur.es

La cosa ya me jode, porque aunque sé, creo saber, que el móvil no es para mí, ya después de tanta fatiguita no entiendo como no son capaces de entregarme el dichoso teléfono, ¡coño!, así que entro en la web y me dispongo a presentar una reclamación de no te menees a estos inútiles incapaces de entregar un teléfono a su dueño, o a mi mismo, que ya da igual y me doy cuenta de que no puedo, no puedo, así que otra vez más, sin comerlo ni beberlo, soy víctima de una mal servicio: SEUR es incapaz de hacerme llegar mi-no-teléfono.

Espero ansioso a mañana. El destino es cruel y seguro que además de quedarme sin él, alguien me va a intentar cobrar dinero.

Os contaré

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