Marmitako

Este es un guiso de raíces euskaldunes y que yo aprendí a degustar en Laredo, Santander, donde cifraban su creación en la cocina de los barcos con los medios naturales que llevaban, patatas y añadiendo el bonito recién pescado. Tanto da y tanto comparten las dos cocinas. Para hacer una olla que dé de comer a 8 personas hacen falta 750 gr de bonito, 1 kilo de patatas, 3 dientes de ajo, 2 cebollas, 4 tomates, 4 pimientos verdes, 1 vaso de aceite, sal y pimienta.

Se calienta el aceite y en una cazuela se sofrien lentamente la cebolla y los pimientos que habremos picado previamente y los ajos. Cuando todavía estén a medio hacer añadimos los tomates pelados, sin semillas y cortados en trozos. Freimos todo hasta que hayamos conseguido una salsa de tomate espesa, entonces es el momento de añadir las patatas que habremos pelado y cortado teniendo la precaución de que el corte no sea limpio sino que antes de terminar cada corte tiramos del cuchillo hacia afuera hasta que el trozo se rompa. Rehogamos las patatas y añadimos agua hasta cubrir todo y dejamos cocer lentamente añadiendo la sal y unas bolas de pimienta. Mientras limpiamos el bonito, lo cortamos y lo sazonamos añadiéndolo al guiso unos minutos antes de que las patatas estén cocidas, apenas 10 minutos de cocción será suficiente.

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Un comentario sobre “Marmitako

  1. El marmitako es una de los platos que me gusta hacer y comer, aunque hace tiempo que no practico ninguna de las dos cosas.
    Es curiosa la gastronomía relacionada con los diferentes oficios. En Balmaseda hacen un concurso de la pota que preparaban los ferroviarios del tren de La Robla que pasaba, no se si lo sigue haciendo, por allí. Impresionante guiso de judias pintas, o caparrones, o como se llame según la zona. Es interesante el artilugio que se inventaron los ferroviarios para que con unas brasas de carbón se fuera haciendo el guiso poco a poco.
    Es caso más conocido el del bacalao al pil pil: parece ser que los pescadores colocaban la cazuela sobre el motor del barco, así las vibraciones le daban ese meneo rítmico y constante necesario. Esto siempre me recordó a una conocida mía comadrona, que recomienda colocar a los bebés sobre la lavadora mientras centrifuga para que expulsen los gases.

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