Deshaciendo la relación

Hasta entonces habíamos guardado las formas el uno con el otro, pero era evidente que nuestros encuentros sexuales con otros eran constantes. Realmente no se puede decir que fueran infidelidades sensu estricto y al menos nos dieron, durante aquellos años, la experiencia de compartir que nosotros mismos nos habíamos negado.

No lo recuerdo muy bien, aunque sé que fue en verano, o al menos que el tiempo que hacía animaba a sentarse por la tarde en una terraza de un bar y tomar una cerveza. Así fue, a la vuelta de dios sabe que viaje tuyo que no era sino tapadera de algún que otro asalto a la cama de alguien. Yo ya había decidido ahorcarme en otro árbol y llevaba días y días pensando como decirlo. Pensando una forma que fuera suficientemente hiriente, que no dejara lugar a dudas.

Ahora, después de tantos años apenas recuerdo como transcurrió la tarde. Nos sentamos y te dije que no quería seguir contigo; eso sí que lo tengo claro, que fui rápido, incisivo, como una puñalada de pícaro y también que durante no demasiado tiempo pusiste cara de no entender lo que pasaba.

Yo quería hacer daño, quería irme con todas las de la ley, decirte que me sentía engañado, dolido y que no te quería. Creo que lo dije y realmente era una verdad esférica, sin aristas. Luego se me borra todo, me intentaste convencer de que no me fuera y esa misma tarde dejamos de vernos. Hasta nunca. Adiós. Creo que hicimos bien.

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