Recuento del tedio

Un día sin pena ni gloria salvo que ha llovido, tímidamente, de una manera que no calma la sed. Un día como tantos, trabajando con las manos y compartiendo con los compañeros lo bueno y lo malo. Un día de noticias en el que al final sé que iré a Sevilla la semana que viene. Un día anodino en el que veo como España se queda sola en el gallinero europeo con el asunto de Kosovo. Un día sin gloria, como casi todos los días, un día sin rabia, un día que contará entre los demás como un día gris.

No sé si espero que los días sean distintos.

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Un comentario sobre “Recuento del tedio

  1. Está un poco manida ya y algunos dicen que no es de Pablo Neruda, pero viene al pelo:

    Muere lentamente quien se transforma en esclavo
    del hábito, repitiendo todos los días los mismos
    trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir
    un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

    Muere lentamente quien hace de la televisión su
    gurú.

    Muere lentamente quien evita una pasión, quien
    prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre
    las “íes” a un remolino de emociones, justamente las
    que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los
    bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

    Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando
    está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto
    por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se
    permite por lo menos una vez en la vida, huir de los
    consejos sensatos.

    Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
    quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí
    mismo.

    Muere lentamente quien destruye su amor propio,
    quien no se deja ayudar.

    Muere lentamente, quien pasa los días quejándose
    de su mala suerte o de la lluvia incesante.

    Muere lentamente, quien abandona un proyecto
    antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que
    desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre
    algo que sabe.

    Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando
    siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
    que el simple hecho de respirar.

    Solamente la ardiente paciencia hará que
    conquistemos una espléndida felicidad.

    Pablo Neruda

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