Cuchichiar

Le hablaba en voz baja, al oído a alguien, de modo que otros no se enterasen. Tenía costumbre de cuchichiar, que yo creo que le venía de sus más de veinte años de inmigrante española en Londres. A mi me traía discos de baladistas ingleses y me pareció que estaba amargada por haber tenido que vivir a solas, cuchichiando para que no la entendiera quien ni siquiera la deseaba entender. Heredé algunos de sus vinilos que fueron la banda sonora de mi infancia, sobre todo aquél de Engelbert Humperdink  ¿a man without love? que yo creo que había oído miles de tardes de té en su boardilla. Ya no sé donde está y solo encuentro un LP de pasodobles de color rojo con un toro en la portada, o quizá sea una montera. Mi tía Concha volvió al barrio de Latina habiendo vivido en el centro del mundo y no pudo soportarlo mucho tiempo. Hablaba con mi madre con ese tono de consulta médica o de velatorio que se alarga y a mi me parecía muy intrigante y se recluyó en una residencia en Miraflores de la Sierra cuando notó que la vida se le había escapado de las manos.

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