El invento

Tengo la vida que deseé,
o al menos quiero pensarlo,
tengo mis buenos amigos,
un gato engreído
y un coche que me compré
pasando miedo en el escenario.

Tengo mil sueños que alucinar
aunque se queden en nada,
media docena de hermanos,
un pueblo al que amo
y tiempo para pensar
o encapricharme de una mirada.

Y bien, de qué me sirve el invento,
estoy y no me entero de quién soy,
pensé que me encontraba seguro en lo que amé,
pero la angustia sigue por dentro.

Tengo el valor de reconocer
que no soy mi único dueño,
pueden mandarme a galeras
y en casa me esperan
las trampas de mi mujer
y la sonrisa de mi pequeño.

Cualquier chorrada me hace reír,
me gusta el cine de barrio,
tengo un amor escondido: lo desconocido,
y creo en el porvenir
si es que vivimos para contarlo.

Tengo una causa que defender
y yo ya sé cuando gano,
me gusta andar con la gente
que mira de frente
y no me falta la fé
para tragar y seguir tirando.

Y bien, de qué me sirve el invento,
estoy y no me entero de quién soy,
será que uno no siempre se engaña a voluntad,
porque la angustia sigue por dentro…


y así me va.Fueron dos años y un día
sin otra cosa que hacer,
que acostumbrarme a mirar tu fotografía.

Y refugiarme en tus cartas
tratando de olvidar,
haciendo menos amargas
las soledades de aquel lugar.

Tú me sonríes
con tu sonrisa de ropa blanca,
sólo sonríes
y te deslizas bajo mi manta.

Entre tu senos
la incertidumbre no es tanta,
que me devuelvan al menos
la esperanza.

Ellos no me han olvidado,
ya no me dejan en paz,
son como sombras que viven de mi pasado.

Me miran con ojos turbios,
cómo diciéndome:
“estás atado al suburbio,
aunque te marches,
te buscaré”.

Tú me sonríes,
con tu sonrisa de ropa blanca,
sólo sonríes
y te deslizas bajo mi manta.

Entre tu senos
la incertidumbre no es tanta,
que me devuelvan al menos
la esperanza.

Mi madre no sabe nada,
mi padre pasa de mí,
y yo me pierdo al calor de la madrugada.

La calle siempre esta alerta,
no tengo a donde ir,
si me cerraras la puerta
ya no sabría sobrevivir.

Tú me sonríes
con tu sonrisa de ropa blanca,
sólo sonríes
y te deslizas bajo mi manta.

Entre tu senos
la incertidumbre no es tanta,
que me devuelvan al menos
la esperanza.

A menudo yo me siento
tan cansado,
como si de todas partes apuntaran hacia mí.

En el metro se me empuja,
casi pierdo el brazo,
se me empuja en el trabajo con el mismo frenesí.

Entro en unos almacenes,
veo como me vigilan,
aún así les he pedido una boquilla
y me traen unas sartenes.

Que no, que no, viejo,
sólo soy un ser humano,
vivo en paz,
como de lo que gano
y sólo aspiro a ciudadano.

Sólo soy un ser humano,
no me aprietes tanto, que me haces daño,
no te apoyes en mí, toma mi mano.

Pido fuego a una muchacha
y ni se ha enterado,
y a un taxista despiadado
le he firmado un pagaré.

Me presento en una fiesta,
vaya compromiso,
y un soldado de permiso
no ha dejado un canapé.

Me decido a ir al dentista,
se me cuela una señora,
le dedico una mirada inquisidora
y me da con la revista.

Que no, que no, viejo,
sólo soy un ser humano,
vivo en paz,
como de lo que gano
y sólo aspiro a ciudadano.

Sólo soy un ser humano
no me aprietes tanto, que me haces daño,
no te apoyes en mí, toma mi mano.

Yo tan sólo perseguía un sueño demasiado incierto:
aprender de una guitarra audaz y un corazón abierto.

Eran tiempos fríos y rotundos en cualquier sentido,
el camino de la tolerancia no era conocido.

Y les tuve que hacer frente a todos,
querían decidir por mí;
vaya sorpresa, de pronto me vi
que iba solo.

Nada tuve que no fueras tú,
la suerte de sentirme amado.
Nada tuve que no fueras tú
que dijera eso no, te has equivocado.
Nada tuve que no fueras tú
a mi lado.

Hoy parece que la suerte se reconcilió conmigo,
puedo al menos regalar un verso y ser correspondido.

Quien me escucha sabe por quien sufro, si sufrir supiera,
y a su solo juicio me someto para lo que quiera.

Pero el tiempo corre tan deprisa
y el encuentro es siempre tan fugaz,
sólo la angustia no falta jamás
a la cita.

Nada tengo que no seas tú,
la suerte de sentirme amado.
Nada tengo que no seas tú
y ese par de granujas desvergonzados.
Nada tengo que no seas tú
a mi lado.
Cualquier día me dirá cualquiera con indiferencia
que he perdido el tren, que me he quedado atrás, que me convenza.

Poco a poco me pondré a ordenar las fotografías
y un legajo de recortes viejos y mejores días.

Me hablarán del tiempo los amigos,
“tranquilos todo marcha bien”,
y se me irán contagiados también
del olvido.

Nada espero que no seas tú,
la suerte de sentirme amado
Nada espero que no seas tú
y el recuerdo de un sueño por descontado.
Nada espero que no seas tú
a mi lado.
Joan Baptista Humet

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8 comentarios sobre “El invento

  1. …”No se puede hacer camino con piedrecitas de nubes que se van en un suspiro…” (flamenquito del bueno, escuchado por azar esta mañana, radiante y herida, como todas)
    Sabiduría popular?

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  2. Mavi, por dios, dime quien canta eso, ¿La Macanita?, estoy casi seguro que es una cantaora ¿no?, ¡qué desazón! no me hagas oir todos mis cds de flamenco para encontrarlo ¿Carmen Linares? Sí, una de estas dos, …o no, ayyyyyy

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  3. Pero que listo eres Nacho, juraría que el colega de la radio dijo “La Macanita”, aunque yo, que me confieso completamente inculta en materia de flamenco, me sorprendí bastante con la voz masculina que escuchaba y pensé que me había equivocado(je je). Esa letra… uf!, era impresionante. Si la tienes o la encuentras, por favor, acuérdate de mí y de mi dirección.

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