somos de antes, sí, pero somos nuevos

encuentro_mujereszapatistas1De Madrid al Planeta Tierra:


somos de antes, sí, pero somos nuevos.


En este territorio, tan antiguo al menos como su nombre árabe Mayrit, y tan moderno como “autorizan” sus actuales timoneles, más gobierno retrogrado en la región pero igual de conservador el de la ciudad, durante todas las épocas, tanto en los breves días de esplendor y desarrollo como en las largas noches de oscurantismo y reacción, especialmente en la pesadilla franquista, siempre hubo ciudadanas y ciudadanos voluntari@s . Estas personas fueron emprendedoras para participar en empresas políticas de gigantes, siendo pequeños, unos y unas, pero juntos crecieron más fuertes y capaces para la aventura de mejorar la vida en común, porque se organizaron para tal fin.

Somos de antes, sí. No ocultamos de donde venimos, de antes somos. Somos de antes, de cuando Madrid era un cruce de caminos en un territorio peninsular, porque aún los indios guanches no habían sido descubiertos en sus islas, afortunadamente, y Les Illes eran territorio de descanso para el cruce del Mediterráneo y salida al Océano Atlántico. De antes somos, de los que expulsamos con los Reyes Católicos, empobreciendo nuestra población, nuestros recursos, y nuestra cultura. Somos de antes, de cuando las luces del Renacimiento se colaban por las rendijas que, entre corte y altar, quedaban sin censurar, y de cuando las luces de la Ilustración, aunque breves, iluminaron con intensidad y creatividad. De antes somos, del Mayo de Madrid, de cuando Móstoles y en la ciudad, las madrileñas y los madrileños se opusieron a la invasión napoleónica, aunque exportase ésta la Revolución, y guerrillas, de antes, surgieron. Somos de antes, de cuando ya Corte, casi siempre, y por poco tiempo Capital de la República, Madrid fue centro de poder, y su plaza era central para avanzar o para regresar. Somos de antes y antes estuvimos. En la gloriosa revolución de 1868, abortada por la reacción. En el establecimiento de la República y el desarrollo científico y cultural que estimuló. En la transformación social generada con la II República. En la Defensa de Madrid con Durruti, las trece rosas y el V Regimiento. En el maquis del sistema central durante los veinticinco Años de Totalitarismo. En la nueva resistencia antifranquista que inauguran, simultáneamente, la creación de un sindicato de nuevo tipo, asambleario y sociopolítico, y el inicio de revueltas universitarias que llevaron a un poderoso movimiento estudiantil, académico y profesional de orientación democrática. En las luchas vecinales que transformaron poblados de chabolismo en barrios solidarios y avanzados culturalmente. En las luchas de las mujeres por sus derechos y contra la carestía, en la práctica liberadora de las feministas contra la discriminación sexual. En el combate de los jóvenes por la mayoría de edad a los 18 años. Somos de antes, en la transición combatiendo viejos y nuevos terrores, y en la democracia consolidada, ya: oponiendo la reindustrialización a la reconversión, reivindicando la reconversión de los bancos frente a la refinanciación de banqueros; conquistando el derecho a decidir en referéndum la no participación en la guerra fría y, aunque el sí fue mayoría, las voces del OTAN NO forman parte del grito de quienes somos de antes, como antes gritamos con Pasionaria “¡No Pasarán!”; combatiendo de forma pacífica, mediante el derecho constitucional a la huelga, a las políticas neoliberales sin horizontes sociales de los gobiernos del PSOE de los ochenta y noventa del siglo pasado, en los tajos y en las escuelas, con los estudiantes de secundaria un año después del referéndum de la OTAN y con tod@s en el paro general del 14 de diciembre de 1988; desobedeciendo a leyes injustas mediante la objeción colectiva y la insumisión hasta hacer inviable un ejército que sólo ganó las guerras interiores y perdió todas las exteriores; y, de otros, de antes, somos. Como de los de hasta hace poco, de antes somos. Somos de quienes no estuvieron en las Azores y sí votaron No a la Guerra en la calle y el 14 de marzo, somos huérfanos del 11 M porque todos íbamos en esos trenes, y somos de quienes el 13 M exigieron verdad antes de votar; somos de la comunidad educativa movilizada frente a la Contrarreforma educativa del PP, tan de antes como la otra contrarreforma; somos de quienes, con los sindicatos de clase, a la huelga general fueron contra la política económica y laboral del gobierno del PP; somos de quienes sufren el azote de la violencia, el terror y la guerra; somos de quienes, esperanzados, inundaron con su lucha hasta disolver el Plan Hidrológico Nacional; y de antes somos los que, con el ejemplo de los Okupas del Labor, emprendemos caminos de autoorganización social y cultural para hacer de nuestras ciudades espacios habitables, sostenibles y solidarios y no enjambres de ladrillo, cemento armado y Espe…kulación. Somos de antes, de cuando en todos esos hitos, Madrid fue generosa y creativa al encabezar el mañana, antes de que llegara, y con ello la participación cívica crítica nos hizo llegar trozos de porvenir; por más, que otros destejiesen con fiereza lo que con tanto sudor se hiló durante siglos, desde antes de que otros siguieran tejiendo el mismo abrigo, uno donde nadie quede fuera, excluido por razón alguna, sea el sexo, la raza, la edad, la clase, la ideología. Antes, tanto cuando el viento soplaba en contra, como cuando la brisa suave y sostenida nos hacía avanzar, en Madrid siempre hubo ciudadanas y ciudadanos, aún antes de que lo fueran legalmente; de éstos de antes, somos; sí. Somos de antes, de quienes tejieron con fraternidad la onda de la libertad y el movimiento por la igualdad.

, de antes somos. Somos de los que la memoria colectiva del antes recupera para la Historia y para sus familiares: sí, somos de antes. No somos el mismo jabón oculto detrás del prefijo “neo”. Afirmamos que el antes fue rico en buenas prácticas políticas, en prácticas cívicas, democráticas, radicales en la oposición y a la hora de gobernar, porque abordar la raíz de los conflictos  es nuestra política, y dejamos para “la mano invisible”, para la cleptocracia, la epidermis o los síntomas del mal estar. Nuestro sí es una afirmación para hacer presente lo que somos de antes, para reivindicar que hoy tiene igual sentido comprometerse, democrática y radicalmente: con la defensa de las libertades y la afirmación de los derechos civiles; con la causa de la igualdad y la desaparición de la pobreza; con una ciudadanía solidaria y fraternal hacia quienes son perseguidos, torturados, desaparecidos y hasta muertos por querer cambiar el mundo, para hacerlo sostenible, por querer un mundo mejor, uno nuevo, uno bueno, como Chico Mendes, como de antes, somos; ahora.

De antes somos, sí. Pero. Nuestro pero, es también una afirmación del lado oscuro, de lo que el futuro ha superado, de los abrojos que entre tantas flores también han estado presente, en este punto de cruz por hacer humanidad, por hacernos más humanos quienes habitamos el territorio de Madrid, y cualquier territorio. Nuestro pero, reconoce los errores para rectificar pero no atiende a las culpas porque forman parte del espíritu de lo privado. También, nuestro pero sabe que además de errores hubo terrores, hasta con los nuestros, y hemos aprendido que el fin se estampa tejiendo los medios, porque nunca más nos serán indiferentes los medios para alcanzar el fin soñado, desde antes, sí. Nuestro pero, afirma que la filosofía de la praxis fue combatida por los políticos reaccionarios y los filósofos escolásticos, mas no estuvieron solos; estuvieron acompañados por las propias fuerzas progresivas que, también, con sus prácticas, de mal gobierno, contaminaron, adulteraron y violentaron hasta hacer explotar el patrimonio social y cultural, tejido desde antes, en fragmentos rodeados de pensamiento único, ahora. Nuestro pero, subraya que conocemos los errores, que somos ajenos a su generación en el pasado pero que hemos aprendido lecciones muy duras para que no nos impregnen ahora. Nuestro pero, afirma críticamente que no somos partidarios de cometer viejos errores, sino de asumir nuevos errores porque somos nuevos, y nuevas ideas y formas portamos convencidos de que nuevos, y nunca viejos, han de ser nuestros errores en el hacer por cambiar el mundo, por vivir mejor, por una nueva vida.

De antes somos, sí, pero… Somos nuevos. Nuevos somos como lo son los desafíos de la Humanidad en estos años de nuevo milenio, aunque algunos vienen de antes. Somos nuevos como nuevo es el capitalismo del ahora, aunque venga de antes: el mundo del mercado global, aunque la deuda externa estrangula desde antes; el mundo de las catástrofes naturales y humanas, aunque la plaga del hambre y la peste de la guerra sean de antes; el mundo de la pobreza, la exclusión, la desaparición de comunidades humanas y espacios naturales y la biopiratería, aunque, reyes, usureros y mercaderes, son de antes. Nuevos somos porque nuevas retóricas, se hacen hegemónicas, aunque de antes vienen, como globalización, competitividad, y siempre concentración de poder y de riqueza. Nuevos somos para hacer frente a  los nuevos conflictos, glocales, aunque algunos hundan sus raíces muy profundamente, como la asignatura pendiente de una naturaleza explotada con la misma fe que la otra explotación capitalista, de una Tierra quemada por el fanatismo religioso del dios de las mercancías, del crecimiento sin sostenibilidad. Somos nuevos los que, voluntaria y conscientemente, elegimos ser combatientes de la naturaleza, emprendedores de un Territorio Verde y ciudadanos democráticos-radicales en Madrid, región y capital de la España plural. Como nuevos somos para hacer de Madrid una tierra de acogida, refugio y cooperación para todos los pueblos que, en GAIA, se empeñan en mejorar su vida, en cambiar su existencia, en hacer reales sus sueños de libertad e igualdad para todos los seres vivos y con todos, se empecinan en despertar. Como nosotros, los que nuevos somos porque querer ser como son esos otros, como ellos, los que mandaron con la quinta llave a la Ciudad de México, durante la Marcha del color de la tierra, el “somos de antes, sí, pero somos nuevos”, que hemos abrazado. Porque rebeldes somos ante la injusticia de antes y de ahora, y ellos, los pueblos indígenas del todo México se han rebelado como antes y por lo de antes, por la libertad, la democracia y la justicia. Porque verdes somos y nosotros los que somos nuevos en la Izquierda de Madrid tenemos una agenda política con diez principios, dos de los cuales son la salvaguardia de los Bosques y las Selvas y el reconocimiento y respeto a los Derechos de los Pueblos Indígenas. Por eso, esta Carta de Madrid a la Tierra se titula con la quinta llave de la Marcha por la Dignidad Indígena; porque, nos reconocemos en que somos partidarios de otro Madrid, y en nuestro pequeño mundo cabe toda nuestra fuerza para quienes hacen posible el otro mundo, el que levantan desde el 1 de enero del año 1994 los pueblos indios en Chiapas y el EZLN, y con su palabra, la flor de la dignidad  y la esperanza de que sí, se puede, despertar; como el que despertado está, empujado por la ola que va de Seattle a Génova. Cómo ellos somos nuevos y por ellos, y con ellos, hemos aprendido, no nos hemos adaptado, no hemos aprendido a callar, seguimos vivos, como los de antes sí, pero somos nuevos; como nueva es la innovación política que representa el movimiento zapatista, como nuevo movimiento innovador es aquel que no se resigna global y localmente, y altermundista es, como nueva es la confianza radical en la esperanza  que tenemos, los que en Madrid, somos de antes, sí, pero somos nuevos.

Somos nuevos cooperantes, nuevos voluntarios en Madrid para cambiar este trozo del planeta Tierra y cambiarlo aprendiendo de quienes en otros trozos, en otras comunidades, afirman que es posible y necesario vivir de otra forma: con más paz en nuestras relaciones con la naturaleza, entre los pueblos, entre las personas; con más libertad, sin las cadenas de la pobreza y el analfabetismo; con más igualdad, sin exclusiones ni legales, ni de mercado, ni de género, ni de orientación sexual; con más solidaridad con todos los seres vivos, entre generaciones, entre ciudadanos y ciudadanas, entre pueblos, ciudades, naciones, regiones y Estados de la “Eurounión”, entre las naciones del concierto internacional y, con los primeros de los últimos, los pueblos del Sur del desarrollo y el cuarto mundo de nuestro Occidente desarrollado.

Nuevos somos porque emergen, y laten, nuevas demandas políticas. Somos nuevos porque hay demanda de innovación en la política democrática y en el sistema de valores y de partidos actuales de la Izquierda, del largo, ya, “hilo rojo de la protesta”. Nuevos somos, para unir transformación social y ecología política, para tejer redes cívicas democráticas y radicales, y emprender, de nuevo, el camino de una comunidad humana solidaria entre sí, con la naturaleza y con los de fuera de Madrid, en cualquier lugar del Planeta Tierra, donde el sueño emancipador está presente. En la resistencia de Chiapas por otra globalización, una de los globalizados, y en el gobierno de la otra globalización en Portoalegre. Con las Mujeres Revolucionarias de Afganistán por sus derechos, antes y ahora, y con el Pueblo Saharaui contra la opresión de antes y el olvido de ahora. Con los HIJOS de todos aquellos pueblos latinoamericanos que han sufrido la desaparición de sus padres y familiares, y que contra el olvido se organizan, y con ellos, también con La Verdad que puso fin al odioso apartheid en Sudáfrica. En el Irak de la guerra, y en la Palestina cuyas venas sangran sin cicatrizar, de generación en generación, de Sabra y Chatila en 1982, con Sharon de general, al muro de la vergüenza del Presidente Ariel, ahora.

Somos nuevos, somos verdes, para qué las futuras generaciones disfruten de la vida en el Planeta Tierra. Nuevos somos, de izquierdas somos, para qué el movimiento del cambio social y la innovación de las nuevas formas de vivir y de organizar el poder no se detengan, y ecosocialista sean la vida y el poder. Nuevos somos, los ecologistas de izquierdas que con recuerdos y sin olvidos nos empeñamos en unir cambio y sostenibilidad, los rojiverdes que levantamos la bandera del color del arco iris, y en esta paleta hay un rinconcito para el rojoynegro, de la lucha y el dolor, porque de antes, somos, sí, y la memoria de los que somos de antes, coopera en imaginar nuevos mundos, para quienes nuevos somos. Para nosotros y para los más nuevos, de los que somos nuevos, los niños y las niñas de nuestro Madrid local y nuestra Tierra global.

Porque somos de antes, sí, pero somos nuevos, porque somos para los más nuevos de los que somos, en Madrid y en el mundo, terminamos este cuento con otro cuento, los que no tenemos cuentas. Es un cuento del sur de Europa, de nuestro local trozo de Tierra meridional, transmitido oralmente en el campo, de generación en generación. A nuestras manos llegó escrito, el siglo pasado, de forma resumida en una carta de amor de  un combatiente de Occidente, el compagno Antonio, el prisionero Gramsci, un hombre del sur, a su mujer  Giulia Schucht para que ésta lo contase a sus dos hijos Delio y Giuliano. Es un cuento del sueño hermoso de la reconciliación del “hombre occidental” consigo mismo y con la naturaleza, que lo incluye aunque él la ignore.

“Un niño está durmiendo. Hay una jarrita de leche para cuando despierte. Un ratón se bebe la leche. El niño, al no encontrarla, grita, y su madre grita también. El ratón, desesperado, se da de cabezadas con la pared, pero luego se da cuenta de que eso no sirve para nada y corre a pedirle leche a la cabra. La cabra está dispuesta a darle leche si él le da hierba para comer. El ratón se va a ver al campo a pedirle hierba, y el campo árido quiere agua. El ratón se va a la fuente. Pero la fuente está destruida por la guerra y el agua se pierde: quiere que acuda el albañil a arreglarla. El ratón se va a ver al albañil; éste quiere piedras. El ratón se va a la montaña y entonces se desarrolla un diálogo sublime entre el ratón y la montaña, la cual ha sido desbordada por los especuladores y muestra por todas partes sus huesos sin tierra. El ratón le cuenta toda la historia y promete que el niño, cuando sea mayor, volverá a plantar pinos, encinas, castaños, robles, hayas y olmos. De este modo la montaña le da las piedras, etc…, y el niño tiene tanta leche que se lava con ella. Crece, planta los árboles, y todo cambia; desaparecen los huesos de la montaña, cubiertos por un nuevo humus, la precipitación atmosférica vuelve a ser regular porque los árboles retienen los vapores e impiden a los torrentes que desnuden la llanura”.

A las niñas y los niños, a tod@s, a l@s que no duermen porque no tienen mañana, a l@s que durmiendo carecen de una jarrita de leche cuando despierten, y a l@s que teniendo leche al despertar, algún depredador se lo roba, se lo exquilma, se lo quema, se lo arrebata, se lo anexiona, lo contamina o lo hace desaparecer, los que somos de antes sí, pero somos nuevos les hablamos, y nos decimos, que a todas estas defensas para tod@s, hasta para l@s que no tienen voz ni grito, como la infancia, como la tierra, como los invisibles, y a las aspiraciones que representan, dedicaremos nuestra energía política los que somos de antes, sí, pero somos nuevos en Madrid, para hacer realidad el sueño cooperativo en el que confió la montaña y al que contribuyó de adulto el niño de nuestro cuento del sur de Europa.

Que sepa la Montaña que cuidaremos que los niños y las niñas de Madrid aprendan a amar la naturaleza, porque ya el viejo Marx en sus manuscritos de 1844 dejó escrito que “sólo se puede cambiar amor por amor y confianza por confianza”, y porque hoy el joven Riechmann nos recuerda que “el momento de la verdad es ahora” porque “todo tiene un límite”. Que sepan las “otras montañas”, que en otros trozos de la Tierra, salvan bosques, mares, selvas, especies, incluidas las comunidades humanas, defienden a los trabajadores y protegen a los inmigrantes, luchan por los derechos humanos y las libertades civiles, se organizan para ejercer sus derechos como mujeres, como gais y lesbianas, y se mueven, estudiantes y jóvenes, por otro mañana, por lo que está por venir, que también en Madrid esas montañas de la dignidad son escuchadas, y las hablamos porque nos enseñan sus formas de negar a los profetas de la imposibilidad de otra Tierra, de otro Madrid. Y, por supuesto, que los depredadores de todas las latitudes y, especialmente, los roedores del foro y la región, con collares o gomina, sepan que nos tendrán enfrente porque somos de antes, sí, pero, porque somos nuevos no tendrán refugio ni en la red. Que Red, somos, y una Izquierda, nueva, Verde, es nuestro despertar.

Francisco Molinero

Jesús Montero

PD.: Gracias compas por abrirnos vuestras páginas y aquí tenéis dos corazones del Colectivo Red Verde  para gritar, con vosotr@s, “¡Viva Zapata, cabrones!

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Un pensamiento en “somos de antes, sí, pero somos nuevos

  1. Jesús, Francisco; como vosotros , yo, también soy nuevo y de antes… Vuestras palabras destilan sinceridad y buena voluntad, y, sí, “los nuevos de antes” Podemos poner nuestro granito de arena para que el “aquí y ahora” nos conduzca a ese “Madrid local” y “Mundo mundial” que, tanto vosotros, como yo, queremos que se haga realidad. Gracias por un texto tan hermoso y humano.

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