Niebla

Viene como la niebla, inesperadamente. Te cubre todo entero y te produce un sudor frío que va calando mucho más adentro que hasta los huesos, cala hasta el corazón.

Atrae hasta ti los más lejanos pensamientos y te sumerge en un estado de impotencia para vivir. Cuando quieres salir de ella, si querer, das vueltas hasta marearte.

Solo la roca dura, firme y fría, más fría que la propia niebla la resiste, impasible. Yo quiero ser como la roca a la que la tristeza ni siquiera atemoriza.

Yo quiero ser tan duro como ella para chocar con la niebla y herirla, yo quiero ser tan firme como ella que no mueve ninguno de sus granos para quitársela de encima.

Yo quiero ser tan frio como ella que al contacto con la niebla, la coagula convirtiéndola en gruesos copos de nieve que caen pesadamente a la tierra y son pisados por los cerdos.

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